RESPUESTA A LOS “DÍAS DE LA CREACIÓN” SEGÚN DANTE URBINA Por Pedro Barrera J.

No hay parte de las Escrituras que haya generado más debates en los últimos tiempos que el relato de Génesis 1-2. Estos desacuerdos se deben a la propuesta postmodernista de cuestionar la literalidad del relato de la creación.1 El profesor Jud Davis de la Universidad Bryan consultó a varios profesores de hebreo bíblico de varias universidades del mundo y descubrió que todos los hebraístas reconocen que el relato del Génesis habla de días literales de 24 horas y no de largos periodos de tiempo. Por ejemplo, el profesor James Barr de la Universidad de Oxford, alguien que no cree en la inerrancia de las Escrituras, sostiene que no hay profesor de hebreo o del Antiguo Testamento de cualquier universidad de clase mundial que no crea que el escritor de Génesis 1-11 se refiera a días de 24 horas. Lo mismo aseguran el profesor Hugh Williamson, también de Oxford y uno de los mejores hebraístas del mundo, y el profesor Emanuel Tov, de la Universidad de Jerusalén.2 Esto quiere decir que la propuesta de la interpretación simbólica no responde a una necesidad exegética o lingüística, sino a razones completamente ajenas a las Escrituras. Mientras que históricamente los estudiosos de la Biblia durante siglos han creído que los días en Génesis 1 son días literales de 24 horas, en los últimos tiempos ha surgido la teoría de la Tierra Vieja, una corriente “creacionista” que intenta mezclar creación con evolución como una salida estratégica al descrédito académico del texto sagrado.
Ya en el siglo XIX teólogos racionalistas se apresuraron a abrazar la teoría de la evolución de las especies con la convicción de que la fe no puede contradecir la ciencia. De esta manera surgió el híbrido de una “creación evolucionista” o una “evolución teísta”. John Michels, primer editor de la revista Science, declaró en 1882: “no hay conflicto real entre la ciencia y la religión en el día presente”,3 queriendo decir con esto que el relato del Génesis no tenía por qué ser contrario a la teoría de la evolución. Más recientemente el astrónomo del Vaticano, Guy Consolomagno, ha declarado que una lectura literal de la semana de la creación es “una clase de paganismo”.4
El resultado de este intento de mezclar el agua con el aceite es, desde luego, nefasto para las Escrituras, que termina relegada de su antigua posición como fuente de la fe, siendo sustituida por los postulados científicos, la vaca sagrada de la posmodernidad. La solución de estos teólogos racionalistas prometía ser simple y rápida: aplicar el método alegórico al relato bíblico a fin de hacerlos coincidir con la teoría de la Tierra Vieja, según la cual la vida en el planeta necesitó millones de años de constante desarrollo. De entrada podemos cuestionar la legitimidad de tal propuesta, pues no parte de una necesidad estrictamente exegética, ni lingüística, ni hermenéutica. Parte de una mera necesidad psicológica: la necesidad de estos teólogos concordistas de hacer que la Biblia responda a los postulados científicos a como dé lugar y cueste lo que cueste, aunque en el intento naufraguen la exégesis y la fe. Esta propuesta es una innovación reciente para acomodar la evidencia científica actual acerca de una tierra vieja.
Los concordistas, pues, quieren recorrer el método exegético en sentido contrario: en lugar de llegar a las conclusiones después de analizar el texto sagrado, tienen las conclusiones de antemano y luego intentan reinterpretar el texto sagrado para que se adapten a ellas. En la investigación científica a esto se llama perseverancia de creencia, y no es más que una falsificación.
Los escritos que afirman que la ciencia refuta el creacionismo son muy comunes, y los escritos que afirman que la Biblia misma no exige una interpretación literal de los primeros capítulos de Génesis tampoco son escasos. El artículo de Dante A. Urbina, titulado: ¿Deben tomarse los “días” de creación del Génesis necesariamente como literales? Respuesta a los “creacionistas de la Tierra joven” desde una perspectiva cristiana, publicado en su portal personal DanteUrbina.com, cae en el último grupo. Dante Urbina se autoproclama especialista en varias disciplinas, entre ellas la teología. Ese artículo llama la atención porque parece concentrar todos los argumentos concordistas, o al menos los principales, de manera sucinta y sin muchos rodeos, lo que permite detectar rápidamente las fallas lógicas y teológicas de sus razonamientos.
En las siguientes líneas nos proponemos refutar los argumentos concordistas presentados por Urbina en su artículo, señalando sus debilidades, contradicciones y absurdos tanto desde el punto de vista bíblico como histórico.
RESPUESTAS A DANTE URBINA
Sin embargo, la cuestión es más amplia y compleja de lo que creacionistas como Mortenson pueden hacer parecer. La palabra que se usa en el relato del Génesis para «día» es el vocablo hebreo yom y al respecto no un teólogo liberal sino un acérrimo defensor de la inerrancia bíblica como el Dr. Gleason L. Archer… menciona que «yom (día) puede ser usado de forma figurativa o simbólica así como en un sentido literal»”.
Respuesta: Nadie niega que en hebreo la palabra “día” puede tener varios significados, como ocurre en otros idiomas. El argumento de los defensores de una semana literal de creación nunca ha sido que la palabra yom siempre se refiere a un día de 24 horas. Si se hiciera una afirmación así, entonces los concordistas tendrían buenas razones para reírse. Pero no decimos esto.
Urbina pretende resolver el asunto señalando un hecho tan obvio como el que la palabra día puede tener un significado diferente al de un periodo de 24 horas. Sin embargo, el asunto no puede resolverse apelando simplemente a otros posibles significados que pueda tener la palabra “día”. Según Stambaugh, mientras que yom puede usarse para significar largos períodos de tiempo, su significado en cualquier pasaje debe ser determinado por su contexto, no solo por su rango semántico 5. Por lo tanto el problema debe resolverse por la forma cómo se usa la palabra en Génesis 1. Que yom [יום] sea usado a veces en la Biblia con un sentido simbólico o para referirse a un periodo de tiempo indefinido es cierto; pero de eso no se sigue que ese sea el caso de Génesis 1. Para poder concluir esto, los concordistas deben demostrar a través de la exégesis que en Génesis 1 efectivamente la palabra yom (día) significa un periodo de tiempo indefinido y no un día de 24 horas, algo que ni Urbina, ni Archer ni ningún otro concordista han probado sino que sólo suponen a conveniencia. En realidad Urbina comete un caso clásico de una falacia que el erudito Don Carson llama adopción injustificada de un campo semántico expandido: “La falacia en este caso se basa en la suposición de que el significado de la palabra en un contexto específico es mucho más amplio de lo que el contexto permite y puede traer consigo todo el rango semántico de la palabra “. (D. A. Carson, Exegetical Fallacies , Baker Book House, Grand Rapids, MI, 2 nd Ed., pág. 60)
Ciertamente Gleason Archer es un defensor de la inerrancia bíblica como asegura Urbina, pero el problema es que Archer se dejó intimidar por la “ciencia”. Significativamente, el mismo profesor Archer reveló que él había sido influenciado por las aseveraciones de la geocronología evolutiva: “De una lectura superficial de Génesis 1, la impresión recibida es que todo el proceso creativo tuvo lugar en seis días de veinticuatro horas. Si esta fue la verdadera intención del autor hebreo (una deducción cuestionable, como se mostrará), esto va en contra de la investigación científica moderna, que indica que el planeta Tierra fue creado hace varios miles de millones de años. ”6
Pero, ¿desde cuándo los geólogos son fuentes para la interpretación de las Escrituras? ¿Desde cuándo los estudiosos de la Biblia han tenido que recurrir a geólogos y biólogos para comprender el significado del texto bíblico? Los concorditas generalmente han contestado que los que defendemos una interpretación literal de los días de la creación hemos minimizado la importancia de la revelación general, ya que, según ellos, el conocimiento de esta fuente de revelación ha aumentado exponencialmente, especialmente en la astronomía. Lamentablemente, no ven el oxímoron evidente en esta declaración. La revelación general, como lo sugiere su nombre (y como lo demostrará cualquier libro estándar sobre teología sistemática) es una revelación que es accesible a todas las personas, en todos los lugares y en todos los tiempos. Pero si el llamado “conocimiento” de la astronomía y otras ciencias está aumentando rápidamente en este momento de la historia humana, ¿cómo puede llamarse revelación general? ¡No estaba disponible para personas en generaciones anteriores! Claramente, los concordistas han equiparado erróneamente las interpretaciones y conclusiones científicas modernas con la revelación general.
De hecho, según explica Rodney Whitefield, PhD. en Física y autor del libro Leyendo Génesis 1, un análisis detallado del texto hebreo lleva a pensar que la interpretación no literalista de la palabra «día» es la más plausible atendiendo al carácter singular de la forma de la numeración de los «días» en el texto… «Ninguno de los seis días creativos trae un artículo definido en el texto», siendo que «el artículo definido se usaba generalmente allí donde se quería expresar que el sustantivo era definido; solo en el estilo poético podía ser omitido»”.
Respuesta: Urbina se aventura a presentar un argumento de Rodney Whitefield que no tiene ni pies ni cabeza. En primer lugar, afirma que “ninguno de los seis días creativos trae un artículo definido en el texto” lo cual no es completamente cierto. La realidad es que el término ‘día’ es usado en hebreo con el artículo en el caso del ‘sexto día’ (Gén. 1:31)7.
En segundo lugar, Whitefield asegura que “siendo que «el artículo definido se usaba generalmente allí donde se quería expresar que el sustantivo era definido; solo en el estilo poético podía ser omitido»” Esto es falso. En la Biblia la palabra yom sin artículo indica un periodo de 24 horas de puesta del sol a puesta del sol. La palabra yom suele aparecer sin ningún artículo (anarthrous) y no exclusivamente en un discurso poético, sino en el relato histórico, indicando un día de 24 horas. Por ejemplo, en la semana de la Pascua se mencionan el primer día de los panes sin levadura, y el séptimo día (Éx. 12:15,18), ambos sin artículo. Y así transcurre todo el relato bíblico (Éx. 16:4). El sábado semanal es llamado el “séptimo yom”, sin artículo, pero no significa otra cosa que el séptimo día literal de la semana (Éx. 20:8). El santuario fue restaurado “el tercer día [yom, sin artículo] del mes de Adar, que era el sexto año del reinado del rey Darío” (Esd. 6:15), mientras que el juicio a los infieles terminó “el primer día [yom, sin artículo] del mes primero”. No hay nada de “poético” en estas narrativas del Éxodo y Esdras. Lo mismo puede decirse del resto de los libros no poéticos de la Biblia.
¿Por qué habría de cambiar yom su significado regular en Génesis 1-2 tan sólo por la ausencia del artículo, cuando en el resto de la Biblia esa misma falta del artículo no convierte el día aludido en un día simbólico? No hay fundamento para esa idea.
Por otra parte, la Biblia emplea la palabra yom aun cuando se refiere a periodos de tiempo diferentes como años, semanas o un tiempo indefinido incluso cuando va acompañado del artículo, lo que es el colmo de la precariedad argumentativa de Whitefield y Urbina. En Génesis 22:14 la expresión “el día de hoy” (NVI) significa “en los tiempos actuales”, donde la palabra yom va acompañada por el artículo definido y, sin embargo, no significa un día de 24 horas. Si el argumento lingüístico de Whitefield y Urbina fuera cierto, la palabra yom no debería de llevar artículo definido allí. Pero lo lleva, demostrando con esto la falsedad del argumento concordista.
En conclusión, la falta del artículo para yom no es propio de los textos poéticos, porque en los textos históricos aparece yom sin el artículo, y se refiere a días literales de 24 horas (Gén. 7:4,11,12,17,24). El argumento lingüístico de Dante y Whitefield obligaría a creer que el diluvio duró millones de años solo porque los días aparecen sin el artículo en el relato. Absurdo.
Como lo ha señalado Norman Geisler, prominente teólogo y fuerte defensor de la inerrancia bíblica, «los días enumerados no requieren ser solares. No hay regla en el lenguaje hebreo que exija que todos los días numerados en una serie correspondan a días de 24 horas”.
Respuesta: El hecho es que en la narración bíblica, cada vez que se numera una sucesión de días, la palabra yom se refiere a un día literal de 24 horas, como el “primer día del mes décimo” (Éx. 10:17); “el segundo día de la luna nueva” (1 Sam. 20:34); el “tercer día”, cumpleaños del faraón (Gén. 40:20); y los doce días de consagración del templo de Salomón (1 Re. 7). Contrario a Geisler, David M. Fouts declara: “El término יום ocurre muy frecuentemente con números ordinales (ej. Éx. l9:ll; Lev. 13:5; Est. 9:l). En cada caso donde ocurre יום en singular con números ordinales en el AT Hebreo indica un día de 24 horas…”.8
Y, en efecto, siendo este el proceso creativo divino inicial, hay que recordar que no cabe encerrar a Dios en nuestro concepto del día de 24 horas pues, de acuerdo con la misma Biblia, para Él “un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pedro 3:8).”
Respuesta: Sobre este argumento el comentario de Keil y Delitzsch explica:
“Finalmente, el argumento de que para Dios mil años son como el día de ayer y una vigilia (Sal. 90:4; cf. 2 P. 3:8), o que el Dios infinito no sufre bajo la medida temporal del hombre no puede ser usado aquí porque aquí (en Genesis 1) no se habla de la eternidad de Dios sino de la creación de Dios en el tiempo”9.
¿Qué tiene que ver el inocente pasaje de 2 Pedro 3:8 con el tema de la duración de los días de la creación? Nada. Pedro ni siquiera está hablando de la semana de la creación, sino de la segunda venida de Cristo, y tampoco se refiere a la duración de los días, sino a la paciencia de Dios con los inicuos: lo que para los hombres puede ser mucho tiempo, para Dios no lo es, y viceversa. Esto no tiene nada que ver con los días de la creación. Para Pedro y para todos los antiguos hebreos, el día siempre tenía 24 horas.
Y, por otra parte, una semana de siete mil años de ninguna manera puede corresponder a los miles de millones de años que demanda la teoría de la evolución.
“…Como dice el renombrado filósofo cristiano Paul Copan: «la tarde es mencionada antes que la mañana en Génesis; esta es una forma inusual de escribir y sugiere un uso sacramental y simbólico que apunta hacia la celebración de los días, meses y años sagrados (Génesis 1:14; el Sabbath y la Pascua comienzan la tarde anterior»”.
Respuesta: No solamente el sábado y la pascua comenzaban “en la tarde anterior”. Todos los días bíblicos comenzaban y terminaban con la tarde. Y esto de manera cotidiana, no por razones “sacramentales o simbólicas”. Es evidente que para que el sábado pueda comenzar al atardecer del viernes, es necesario que el sexto día bíblico termine en ese mismo momento. Y para que el sexto día termine al atardecer de nuestro vienes, es necesario que haya comenzado al atardecer anterior, y así podemos llegar hasta la semana de la creación, cuando primero ocurre la noche y luego el día.
Por otra parte, la creación no fue hecha para la celebración de las fiestas anuales como la pascua, porque Adán al salir de las manos del Creador no necesitaba expiar ningún pecado. Y el sentido de las fiestas era precisamente la expiación de los pecados.
Que Copan asegure que los días de la creación son mencionados con “una forma inusual de escribir” demuestra que desconoce cómo funcionaba el calendario bíblico y hasta el calendario babilónico. Los investigadores Parker & Dubberstein explican al respecto: “en la práctica actual el día babilónico comenzaba en cada caso con la puesta del sol precedente”.10 Sólo alguien que desconozca los hechos y tenga mucha imaginación podría extraer todo un contenido sacramental, simbólico y ritual de una simple narrativa basada en la práctica calendárica de los tiempos bíblicos. Para exponer la Biblia, primero hay que conocer la Biblia.
Resulta que la frase yom echad, que hace referencia al primer «día» creativo en Génesis 1:5, aparece exactamente igual en Zacarías 14:7 en referencia al «día del Señor» no pareciendo un día de 24 horas pues acerca del mismo se dice en los versículos inmediatamente siguientes que «saldrán de Jerusalén aguas frescas, que correrán en invierno y en verano» y «reinará el Señor sobre toda la tierra» (se cree acaso que su reinado durará solamente 24 horas?).
Respuesta: El pasaje de Zacarías 14:7 está evidentemente en un contexto profético/escatológico. Tal vez lo más importante a destacar de este argumento es que usar un versículo que es un caso excepcional y que se encuentra en un contexto totalmente distinto como clave interpretativa de Génesis 1 es un caso de eiségesis muy forzado.
Sobre este pasaje Hasel afirma: “Cuando la palabra yôm (“día”) es empleada junto con un numeral -lo que se repite 150 veces en el Antiguo Testamento- se refiere invariablemente aun día de 24 horas. Esta regla es persistente en el Antiguo Testamento. La única excepción en los números de uno a mil se encuentra en un texto escatológico en Zacarías 14:7. La expresión hebrea yôm echad empleada en este texto se traduce de varias maneras: “Será único ese día” (Nácar-Colunga); “Y será un día señalado” (Versión Moderna); y varias otras formas según la versión. Se reconoce que es un texto difícil en hebreo, y por lo tanto no cabe hacer comparaciones con el uso de Génesis 1.”
¿Cómo sabemos si en Génesis 1 la frase yom ejad debe entenderse como en Números 7:12-78 o 11:19 y no como en Zacarías 14:7? Muy sencillo: en Génesis 1 hay una sucesión de días numerados, tal como en Números 7 y 11:19, a diferencia de Zacarías 14:7 donde no aparece una sucesión de días numerados. Por lo tanto, el buen sentido dice que yom ejad en Génesis significa “un día” literal de 24 horas tal como en Números 7 y 11:19.
De otro lado, el relato del Génesis establece que la tierra produjo toda clase de plantas, incluyendo árboles que dan fruto, completándose así el tercer día (cfr. Génesis 1:12-13). Sin embargo, por decirlo muy suavemente, la tierra no “sueleproducir árboles en 24 horas. Y nótese que aquí el texto no está diciendo que Dios simplemente creó los árboles “ya listos” sino que la tierra los “produjo” (verbo en tiempo pasado implica la realización de la acción hasta completarla.
Respuesta: La objeción principal de Dante Urbina aquí es que los árboles no suelen nacer en 24 horas. Concedido. Pero el relato de la creación no está narrando algo que suela suceder de manera cotidiana: fue algo que ocurrió exclusivamente en la creación. Si la creación responde al proceso natural de la reproducción actual de los seres vivos, entonces Dante Urbina debe explicar de qué semillas nacieron las primeras plantas de Génesis 1:12, y también de qué madre nació Adán, pues la tierra no suele producir árboles sin semillas ni seres humanos del barro. Urbina no puede aceptar que Dios pueda crear las plantas en un día, a pesar de que eso es lo que dice la Biblia. Pero, ¿por qué dice Pablo que seremos transformados a la gloria celestial en un “abrir y cerrar de ojos”? (1 Cor. 15:52). ¿No es anatómicamente más complejo un cuerpo humano que una planta? ¿Por qué habría de durar la creación de las plantas mucho más que la regeneración de los cuerpos? Por otra parte, el relato del Génesis contradice la teoría de la evolución, que plantea que los peces vinieron antes de las aves, mientras que Génesis ubica su aparición simultáneamente (Gén. 1:20,21). También dice la ciencia que los peces vinieron antes que los árboles frutales, pero Génesis asegura que fue al contrario. Por estas razones, los concordistas todavía tienen muchas aclaraciones que hacer.

Hay creacionistas de la tierra joven que insisten en que los días de la creación tienen que ser literales pues solo así tendría sentido el descanso de los judíos el séptimo día de la semana (Sabbath) en correspondencia con el descanso de Dios luego de su acción creadora. Sin embargo, como apunta el ya citado Archer: “De ningún modo esto demuestra que intervalos de 24 horas estuvieron implicados en los primeros seis días, así como la celebración de 8 días de la Fiesta de los Tabernáculos no prueba que el vagabundeo [sic] por el desierto en los tiempos de Moisés solo ocupó unos días. Recuérdese que Israel vagó por el desierto durante 40 años.

Respuesta: En primer lugar, la fiesta de los tabernáculos se instituyó en Sinaí, muchos siglos después de la creación. En cambio el sábado fue instituido en la creación, mucho antes de la entrada del pecado y, por lo tanto, no tenía relación alguna con el pecado.
En segundo lugar, se debe entender que la fiesta de los tabernáculos no celebra el tiempo de peregrinación, sino el hecho de que hayan morado en tiendas. En cambio en cuanto a la duración de la semana de la creación y de la semana dada al hombre hay una perfecta equivalencia en cuanto a su duración, porque se nos dice:
“Acuérdate del día del Descanso para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el día séptimo es día de descanso, consagrado a Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu bestia, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas: porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todo cuanto en ellos hay, y descansó en el séptimo; por tanto Jehová bendijo el día del Descanso y lo santificó” (Éx. 20:8-11, VM).
Obsérvese como Éxodo 20:11 tiene la explicación causal “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todo cuanto en ellos hay, y descansó en el día séptimo”. La palabra “porque” ( kî en hebreo) al principio de esta expresión es una explicación causal, que muestra que la Semana de la Creación es la base de la semana laboral dada al hombre. La comparación que hace Archer entre el cuarto mandamiento y el mandato de celebrar la fiesta de tabernáculos es una comparación invalida porque si bien, se ordena que la fiesta de los tabernáculos debía durar ocho días (Levítico 23: 34-36), el mandato para guardarla no contiene una explicación causal que conecte el tiempo de duración de la peregrinación en el desierto con el tiempo de celebración de la fiesta. En cambio esta explicación causal si se encuentra en Éxodo 20:11. Por lo tanto Archer y Urbina están comparando manzanas con naranjas.
Éxodo 20:11 ordena la observancia del sábado sobre la base de una semana creadora de seis días literales. Como lo dijo el Dr. A. Roth, “sería un Dios muy extraño el que creara durante millones de años y luego pidiera al hombre que guardara el sábado, el séptimo día, como un monumento de su actividad creadora de todas las cosas, hechas en seis días”. Contra esta verdad clara y directa no hay nada que los concordistas puedan hacer.
En cuanto a aquello de que la interpretación no literalista del Génesis sólo sería una escapatoria reciente de ciertos teólogos para acomodarse a “visiones no-bíblicas de la historia” como la teoría de la evolución (que implica cambios biológicos a lo largo de miles e incluso millones de años) o la teoría del Big Bang (que estima una edad del universo en torno a 13.7 billones de años) tenemos que tal acusación simplemente no es verdad. Ya en el siglo IV, es decir ¡cerca de 1500 años antes de que Darwin publicara El Origen de las Especies (1859)!, San Agustín, en el marco mismo de su interpretación sobre el auténtico sentido (ad litteram) del Génesis, daba a entender que el proceso creador podría haberse dado a lo largo de amplios intervalos de tiempo a partir del desenvolvimiento de las potencias puestas por Dios desde el principio: «El hecho de que ahora vemos seres que se mueven a lo largo de intervalos de tiempo para desarrollar lo que corresponde a la naturaleza de cada uno, viene de aquellas potencias implantadas que Dios, por así decirlo, esparció como semillas al momento de la creación»”.
Respuesta: Urbina al igual que muchos defensores de la teoría de la evolución teista trata de utilizar al teólogo cristiano Agustín de Hipona (354-430 d.C.) como apoyo. Pero la realidad histórica es que Agustín jamás creyó en millones de años de creación como veremos.
Urbina extrae el siguiente párrafo de la obra de Agustín: “El hecho de que ahora vemos seres que se mueven a lo largo de intervalos de tiempo para desarrollar lo que corresponde a la naturaleza de cada uno, viene de aquellas potencias implantadas que Dios, por así decirlo, esparció como semillas al momento de la creación”. ¿Quiere decir Urbina que Agustín de Hipona llegó a ver con sus propios ojos a los animales evolucionando de una especie a otra? Ni Darwin llegó a hacerlo, aunque le dio la vuelta al mundo en esa búsqueda. Este es un planteamiento verdaderamente burlesco, Agustín sólo está hablando de los seres vivos que nacen, se desarrollan, se reproducen y mueren. Cuando dice que “ahora vemos seres que se mueven a lo largo de intervalos de tiempo para desarrollar lo que corresponde a la naturaleza de cada uno”, Agustín no se refiere a unas especies evolucionando a lo largo de millones de años, algo que ningún ser humanos ha podido ver con sus ojos. Aquellos seres que “ahora vemos” desarrollándose por “periodos de tiempo”, no son sino los animales que crecen desde embriones hasta individuos maduros. Para Agustín la vida de todo ser creado se sostiene por el poder de Dios que implantó en la creación a fin de reproducirse. En ninguna parte el autor sugiere siquiera un escenario de evolución de las especies como pretende hacernos creer Urbina. De hecho, contrariamente a la postura de Urbina, Agustín afirma en el contexto de esa misma cita que Dios creó todo en un instante, y que no tomó largos períodos de tiempo. Veamos la cita en su contexto:
“Tal vez no deberíamos pensar que estas criaturas, al momento de ser hechas, estaban sujetas a los procesos de la naturaleza que ahora observamos en ellas; sino más bien, estaban bajo el maravilloso e inefable poder de la sabiduría de Dios, que se extiende poderosamente desde un extremo a otro y gobierna todo con gracia: pues este poder de la Sabiduría Divina no llega por etapas o por pasos. Fue tan fácil, entonces, para Dios crear todo, como lo fue para la Sabiduría ejercer este gran poder; porque a través de la Sabiduría todo fue hecho, y el funcionamiento que ahora vemos en las criaturas (medido por el paso del tiempo, ya que cada una cumple su función propia), llega a ellas por medio de las razones causales implantadas en ellas, que Dios dispersó como semillas en el momento de la creación cuando Él habló y fueron hechas; él mandó, y fueron creadas. La creación, por lo tanto, no se produjo lentamente con el fin de que un desarrollo lento pudiera ser implantado en aquellas cosas que ahora son lentas por naturaleza; ni fueron las edades establecidas con el pesado ritmo que ahora tienen. El tiempo provoca el desarrollo de estas criaturas de acuerdo con las leyes de su universalidad, pero no hubo paso del tiempo cuando recibieron estas leyes durante la creación.”11
Como se puede ver claramente Agustín creía que la creación original había ocurrido en un instante, y por lo tanto no hay razón para pensar que creyera que habían transcurrido millones de años antes de la creación de Adán. También declaró, “los no-creyentes también son engañados por falsos documentos que le atribuyen a la historia muchos miles de años, a pesar de que a partir de la Sagrada Escritura se puede calcular que no han pasado más de 6.000 años desde la creación del hombre”12. En realidad, Benno Zuiddam, erudito de la patrística, ha documentado que Agustín era un ferviente creacionista de la “Tierra joven” y mucho más “literal” de lo que la mayoría de los evolucionistas teóricos creen 13.
Sin embargo se podría argumentar que de todas formas la interpretación simbólica de Agustín del término día en Génesis 1 demuestra que el texto mismo admite diferentes interpretaciones, sin que esto responda a la necesidad de adaptar la Biblia a ideas externas. Pero este argumento no es válido sencillamente porque su alegorización de los días de la creación no surgió como una conclusión derivada del texto mismo de las Escrituras, sino de influencias externas, es decir, de su adhesión a la filosofía neoplatónica, la cual establecía que Dios no puede actuar en el tiempo por ser atemporal e inmutable. Así es que, por causa de su visión más bien filosófica de la creación, y no por causa de un estudio exegético del texto, es que Agustín tomó la palabra “día” en Génesis como simbólica. Además, con el uso simbólico de la palabra día (yom) Agustín pretendía hacer todo lo contrario de lo que quiere hacer el evolucionismo teísta. Agustín quería un período que en realidad fuera más corto que seis días terrestres. En la mente de Agustín, Dios habría creado toda la materia, así como las ideas seminales en un abrir y cerrar de ojos y no durante un proceso largo y lento de millones de años. Lo anterior solo demuestra que Urbina al pedir el apoyo de Agustín lo hace totalmente fuera de contexto y cambiando el sentido de sus palabras.
Se tiene que es no solo posible sino perfectamente razonable ser cristiano sin necesariamente asumir una interpretación literalista de los seis días del Génesis. Y recuérdese que acá no se ha citado a ningún teólogo liberal ¡sino exclusivamente a teólogos que defienden la inerrancia bíblica (Archer, Copan, Geisler, San Agustín!).
Respuesta: Si, efectivamente todos defienden la inerrancia. Pero también todos violan el principio sola scriptura. ¿Y con citar a estos teólogos y filósofos cree Urbina que ha ganado algo a su favor? No ha ganado más que presentarse a sí mismo como un deficiente expositor de las Escrituras cuando, en lugar de basarse en las Escrituras, se ve obligado a buscar la ayuda de cualquier autor que apoye sus teorías, como si no existieran muchos más que las contradicen. Y no sólo eso, sino que además se ve obligado a tergiversar un pasaje de Agustín de Hipona, que no dice ni una sola palabra acerca de la evolución de las especies, ni de millones de años de creación sino todo lo contrario.
Pero al final del día no importa que Urbina cite siete teólogos, veinte teólogos, o mil teólogos creacionistas de la Tierra Vieja: la fuente de la fe no son las opiniones de los hombres, sino la Biblia.
Dado ello, si se va a insistir –como es que hacen algunos creacionistas- en que si uno no toma una interpretación estrictamente literal de los días del Génesis no está confiando realmente en la Biblia y, por tanto, no es realmente cristiano, pues que se haga, si quiere, ¡pero que no se pierda de vista que en esa condena se estaría incluyendo (aparte de los ya citados) a cristianos tan prominentes como William Lane Craig, J.P. Moreland, William Bright y John Akenberg, entre muchos otros!
Respuesta: El hecho de que haya teólogos evolucionistas ni valida la teoría de la evolución, ni invalida la palabra de Dios inspirada, que se mantiene firme aunque se levanten miles de Agustines y cientos de miles de Archers gritando al unísono que el relato de la creación no es literal.
Y acá no se está pidiendo a los creacionistas de la tierra joven que necesariamente adopten una visión no literalista de los días del Génesis (hay libertad en ello) sino simplemente ¡que no asuman (e incluso impongan) como un absoluto lo que es en realidad una alternativa interpretativa!
Respuesta: Pues aquí quien asume como una verdad absoluta aquello que no ha podido demostrar es el propio Dante Urbina. Mientras tanto, el creyente en la palabra de Dios no pone en duda la revelación, porque es ella la verdadera fuente de la fe, y no las torpes producciones humanas.
CONSIDERACIONES FINALES
Quien guste de armar rompecabezas sabe que esa tarea no es siempre sencilla y, en muchos casos implica un trabajo arduo y frustrante. Pero sabemos que todo rompecabezas tiene solución porque fue diseñado para ser armado, aunque la tarea exija días, meses o hasta años. Si alguien, sin embargo, no diestro en armar rompecabezas, decide rediseñar las piezas recortándolas para que encajen allí donde las necesita, no está armando realmente el rompecabezas: está arruinando el rompecabezas. Y esto es precisamente lo que logran los concordistas como Dante Urbina ante la discordia entre el relato del Génesis y los planteamientos científicos. Quieren acomodar arbitrariamente el texto bíblico para que encaje en la teoría de la evolución, pero terminan arruinando el texto bíblico.
El error básico de Urbina como “teólogo” consiste en que no deriva su comprensión del texto bíblico a partir del texto bíblico, sino a partir de los anteojos de los científicos ateos. Su conclusión de que la creación de la vida en este planeta pudo durar, miles de millones de años, no procede de las Escrituras, sino que es contraria a las Escrituras. Él tiene las ideas preconcebidas, creyendo que si obedece los postulados evolucionistas puede estar bien con Dios y con las especulaciones de la ciencia moderna. Se trata, por lo tanto, de una exposición prejuiciada, en la que ya tiene las conclusiones resueltas de antemano: la creación duro miles de millones de años y por lo tanto el relato del Génesis debe ser reinterpretado. Esto, repito, no por razones exegéticas en sí, sino por razones ajenas, y en verdad contrarias, al texto bíblico.
Lo que sucede con los concordistas es lo mismo que sucedió en su momento con la iglesia católica entre los siglos II-IV. Para aquellos momentos no existía la ciencia moderna, pero había otra regla convencional para medir la verdad: el idealismo platónico. La metafísica, con su propuesta de las ideas inmortales e incorpóreas, fue en aquellos tiempos la vara con la que los filósofos medían toda propuesta doctrinal. Puesto que la iglesia católica necesitaba con urgencia validar su doctrina ante la mirada suspicaz de los filósofos, decidió con toda rapidez adoptar doctrinas como la inmortalidad e incorporeidad del alma, la existencia del infierno ardiente, y el concepto de la incorporeidad, todos ajenos a las Escrituras, pero que coincidían convenientemente con los postulados de la filosofía platónica. El éxito de esta estrategia del mimetismo doctrinal está a la vista: la iglesia católica logró vencer toda competencia en el campo político-religioso y se sentó victoriosa. Esa misma estrategia es la que emplean personas como Dante Urbina: creyendo que con abrazar la teoría de la evolución ya han pasado de ser creyentes ingenuos para convertirse en creyentes con firme suelo científico, cuando no hacen más que especular y relegar la palabra de Dios inspirada a una mera fábula, donde los hechos no son realmente los que aparecen registrados, sino cualquier otra torcedura que la imaginación les dicte.
Es verdad que el relato de la creación bíblica no es algo fácil de aceptar para el escéptico. Pero las razones que alega Urbina aquí son contradictorias, porque si una semana de la creación es algo imposible para Dios, entonces él no cree en la omnipotencia divina, ni tampoco en la resurrección de los muertos, ni en la vida eterna, nada de lo cual suele ocurrir en la vida cotidiana. Por tal motivo, el verdadero fundamento de la exposición de Dante es la incredulidad. Si se acepta la descabellada interpretación alegórica de Génesis 1, se abre la peligrosa puerta del escepticismo para el estudio de las Escrituras. Finalmente recordemos las palabras de Carlos Haddon Spurgeon, el renombrado “príncipe de los predicadores”, en 1877:
“Estamos invitados, hermanos, con toda seriedad a alejarnos de la antigua creencia de nuestros antepasados debido a los supuestos descubrimientos de la ciencia. ¿Qué es la ciencia? El método por el cual el hombre trata de ocultar su ignorancia. No debería ser así, pero así es. No debes ser dogmático en teología, mis hermanos, es malvado; pero para hombres científicos es lo correcto. Nunca debes afirmar nada fuertemente; pero los científicos pueden afirmar audazmente lo que no pueden probar, y pueden exigir una fe mucho más crédula que la que poseemos. De hecho, tú y yo debemos tomar nuestras Biblias y dar forma y moldear nuestra creencia de acuerdo con las enseñanzas en constante cambio de los llamados hombres científicos. ¡Qué locura es esto! Pues la marcha de la ciencia, cual es falsamente llamada así, puede ser trazada a través del mundo por falacias explosivas y teorías abandonadas. Antiguos exploradores que una vez fueron adorados ahora son ridiculizados; la demolición continua de falsas hipótesis es una cuestión de notoriedad universal. Se puede dar cuenta dónde acamparon los aprendices por los restos que dejaron de suposiciones y teorías tan abundantes como las botellas rotas.” (C.H. Spurgeon, The Sword and the Trowel, 1877, 197)
Referencias:
1 Russell T. Fuller, Interpreting Genesis 1-11, New International Dictionary of the Old Testament Theology and Exegesis. Zondervan, 1998, p. 18.
2 Citados por Jud Davis, Days are days, 1 de abril, 2012, AnswersInGenesis.org.
3 John Michels, 1882. Citado por George. S. Morries Science : 3:1-2.
4 Testing the faith: Bible Literalism “pagan superstition”?, World Net Weekly, 6 de mayo de 2006,.
5 James Stambaugh, “The Days of Creation—a Semantic Approach,” Creation Ex Nihilo Technical Journal 5 (1991), 75, 73.
6 Archer, G.L., A Survey of Old Testament Introduction, Moody, Chicago, p. 187, 1985.
7 Gerhard Hasel, The “Days” of Creation in Genesis 1: Literal “Days” or Figurative “Periods/Epochs” of Time?
8 David M. Fouts, Selected Lexical and Grammatical Studies in Genesis 1, Bryan College, Dayton, Tennessee, Andrews University Seminary Studies, Vol. 42, No. 1, p. 83.
9 Keil and Delitzsch, Comentario al texto Hebreo del Antiguo Testamento Pentateuco e Históricos, Editorial Clie, pág. 33
10 Richard A. Parker; Waldo H. Dubberstein, Babylonian Chronology, Brown University Press, Rhode Island, 1956, p. 26.
11 Augustine. The Literal Meaning of Genesis, traducción de John Hammond Taylor (1982), Vol. 1, Libro 4, Capítulo 33, párrafo 51–52, p. 141, New York: Newman Press.
12 Augustine. The City of God, translated by G. G. Walsh and G. Monahan (1952), Book 12, Chapter 11, p. 263. Washington, D.C.: Catholic University of America Press.
13 Zuiddam, B., Augustine: creacionista de la Tierra joven , J. Creation 24 (1): 5–6, 2010; creation.com/augustine.

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