¿Evangelización del cebo y el anzuelo?

Se sugiere a menudo que debido a que la mayoría de las personas – especialmente los jóvenes–no quieren escuchar el evangelio, nosotros tenemos que “cebarlos” con entretenimiento evangélico y trucos. Una vez que nosotros los hayamos atraído por estos métodos contemporáneos, entonces podemos “clavarles el anzuelo” con el verdadero mensaje. El texto de prueba para justificar el uso de métodos mundanos para localizar a las personas es la declaración de Pablo:

“Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos… A los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley… para ganar a los que están sin ley… Me he hecho débil a los débiles para ganar a los débiles … A todos me he hecho de todo para que de todos modos salve a algunos ” (1 Cor 9:20-22). Así, algunos arguyen, nosotros debemos emplear cualquier cosa que a las personas les guste oír para conseguir que escuchen el evangelio.

Pero el contexto del pasaje revela que Pablo estaba hablando sobre predicar (vea v. 16.), no sobre el uso de métodos mundanos de evangelización. El apóstol declaró que en su predicación y testimonio siempre vestía su mensaje para satisfacer el nivel de comprensión de sus oidores. En otros términos, él siempre habló apropiadamente. Por consiguiente 1 Corintios 9 no enseña que Pablo empleó o animó el método del “cebo y el anzuelo” para la evangelización. Al contrario, él persuadió a las personas de la Palabra de Dios utilizando la predicación como su método.

Es más, a la iglesia de Dios del tiempo del fin se le ha confiado divinamente con el evangelio eterno. Esta mayordomía es un gran privilegio. Pero también es una responsabilidad solemne. Porque “se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel ” (1 Cor 4:2). La fidelidad a que la iglesia ha sido llamada nos compele a preservar la integridad del mensaje preservando el método que empleamos para comunicarlo.

El apóstol Pablo nos insta por lo consiguiente a que no intentemos “cazar” a las personas con el “cebo” de la entretención para que podamos luego “clavarles el anzuelo” del evangelio. Él escribe: “Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dos para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia, Dios es testigo ” (1 Tes 2:3-5).

Note los siguiente dos hechos de este pasaje. Primero, la palabra griega traducida “engaño” (plané) significa error. El tema final de cualquier asunto siempre debe ser la verdad. “El Evangelio o es verdad o no lo es. Pablo fija su vida entera en la verdad del Evangelio. Hay una tendencia en nuestros días de juzgar los valores por la norma errada. `¿ Funciona? ‘ se pregunta a menudo más de `¿ Es verdad? ‘ La prueba de la validez del Evangelio es la verdad . El peligro en predicar para atraer a un público es obvio. También se disfraza prontamente para proporcionar soluciones que funcionen en lugar de verdades que deben ser confrontadas. La prueba ácida para cada sermón o clase bíblica debe ser: ¿Es verdad? Si Cristo se presenta [meramente] como un medio por el que nosotros podemos tener éxito, ser felices, o cualquier otra cosa , nosotros estamos traicionando el Evangelio de Dios. Somos culpables de engaño y error aunque nosotros podemos tener éxito en atraer seguidores”. (1)

Segundo, la palabra griega dolos, traducida “engaño” en 1 Tesalonicenses 2:3, significa “ardid” o “cebo” (o “treta”, “sutileza”, o “señuelo”). No hay lugar para tretas o manipulación en la evangelización. Así la versión NIV traduce el pasaje como: “Porque nuestra exhortación no procedió de error o motivos impuros, ni estamos tratando de engañaros” (énfasis del autor).

Nosotros no debemos emplear el “engaño” en la proclamación del evangelio. Nuestro mensaje debe determinar el método. Pablo nos dice en 1 Corintios 1 que cuando los judíos quisieron ver milagros y los griegos desearon oír sabiduría mundana, él se negó a inclinarse ante sus gustos y deseos porque Dios le había ordenado que predicara el evangelio. La predicación eficaz siempre es el método bíblico preferido para proclamar el evangelio.

Notas

1. Gary W. Demarest, The Communicator’s Commentary Series, Volume 9, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito (Waco, Texas,: Word Books, 1984), pág. 54.

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